5 Cualidades que te resultarán muy útiles cuando te conviertas en padre

Ser padres es, ante todo, ser felices. Y en segundo lugar, ser felices también. Uno quiere hacerlo de la mejor manera posible para que el niño se sienta bien, la casa se mantenga limpia y los padres, felices. Pero no siempre es posible llevar estos planes a la realidad porque el niño suele tener una opinión diferente sobre cada asunto. Además, todos los que te rodean, de repente, se vuelven muy experimentados e inteligentes en la materia, compitiendo entre ellos y dándote consejos sobre cómo actuar con el pequeño.

 las 5 cualidades esenciales para sobrevivir a esta etapa tan feliz, pero a la vez complicada: la infancia de tus hijos.

Paciencia

Los niños son capaces de sacar a cualquiera de sus casillas y, en determinadas ocasiones, tienes que permanecer firme y no sucumbir. Te pueden manipular, no con malas intenciones, sino por ser esta la forma más fácil de obtener lo que quieren. Requieren de atención, no saben hacer muchas cosas y los padres terminan haciéndolas por ellos para ahorrar tiempo. Pero de esta manera el niño no aprenderá nada. Por lo tanto, la paciencia es la mejor virtud en estos casos.

Sentido del humor

El sentido del humor es un gran paracaídas. Gracias a él, es más fácil caer desde lo más alto de tu conciencia adulta. Y seguro que tendrás que caer en más de una ocasión. Cuando te despistas por un segundo y tu pequeño ya se ha quitado los calcetines y los ha enjuagado en tu taza de café por la mañana, solo te queda soltar unas risas. Por supuesto, vale la pena prestar atención a los psicólogos y tratar de bajar al mismo nivel que tu pequeño. Pero, cierto, los calcetines en el café se perciben con mayor calma si reina en el ambiente el sentido del humor.
 
Egoísmo sano

Cuando nace un niño, tú no dejas de ser humano: a veces te cansas. Muchas mujeres, en busca de la maternidad ideal acaban olvidándose de sí mismas como personas para convertirse en las sirvientas más fieles del pequeño rey. Y esto siempre termina mal para todos.

No hay nada de malo en dejar al bebé con la abuela para desayunar en silencio. No hay nada de qué avergonzarse si distraes al pequeño con juguetes y disfrutas tomándote un té con bombones, en vez de correr a limpiar toda la casa para que quede impoluta. Tampoco hace falta esterilizar todo a su alrededor, al fin y al cabo, nuestros hijos no crecen en condiciones insalubres.

Pesimismo sano

Emprendiendo un viaje largo, prepárate para que tu hijo se vierta algo encima, se caiga, se manche, muerda al perro del vecino o se coma unas plantitas del jardín. Y el tiempo puede no favorecer durante buena parte de tus vacaciones. Si todo eso no sucede, bien. Pero si sucede, será más agradable estar preparado en vez de estar todo el día sin salir o comprar cosas necesarias a un precio elevadísimo.
 
Indiferencia frente a la opinión de los demás

Si te preocupa lo que la gente piensa o dice sobre ti o tu hijo, párate a pensar: ¿seguro que saben cómo educarlo correctamente? ¿Son ellas mismas personas ideales, dignas de ser imitadas? ¿Las abuelas, los vecinos y amigos tienen un doctorado en pedagogía o una experiencia colosal en esta materia? Por supuesto, no. Entonces, simplemente, haz florecer una expresión en tu rostro que les impida hablar sobre la crianza de tus hijos. O bien, acepta todas sus propuestas y no discutas. No tienes por qué llevarlas a la práctica. Sé feliz.

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